viernes, 1 de junio de 2007

La filosofia que no queremos



No sabemos cómo debe ser, milimétricamente, la filosofía en el
futuro pero si sabemos que es inexcusable primero destruir, superar,
al capitalismo, de inmediato, para eso es necesario un filosofar actualizado
que nos asombre y movilice para siempre. Por cierto, sabemos
cómo no queremos que sea la filosofía. Por ejemplo:
No queremos un filosofar exclusivo de recintos para iluminados (o
ilustrados déspotas) empeñados en ostentar la propiedad privada del
conocimiento, sus instituciones y financiamientos.
No queremos un filosofar como escapatoria ni como flagelo.
No queremos filósofos explotados, aislados en mazmorras académicas
o en sepulturas de silencio forzado.
No queremos filosofar en la explotación, la miseria y la muerte
para siempre. Resignados y mansos.
No queremos filosofías simplistas ni palabrerías de ocasión.
No queremos gurús, santurrones ni medicuchos de almas.
No queremos verdades sublimes iluminadas con el fulgor de una
lógica prístina y bajo los efluvios de la contemplación mística que
hermosea al capitalismo con “enciclopedias de la inutilidad”.
No queremos más circos de silogismos acróbatas.
No más esnobismo de palabrería autocomplaciente.
No más filósofos “asesores” de señores ministros, señores presidentes,
señores gerentes. No más fauna servil dadora de ideas para
maquillar el saqueo y la barbarie.
No más “investigaciones” y “tesis” complacientes o por encargo
para lisonjear amigos y enemigos bajo promesa de canonjías y prebendas.
No más conferencias para llenar las nóminas y santiguar al jefe.
No más congresos para el torneo degenerado de los halagos, el tráfico
de influencias, el gasto frívolo, el turismo sexual y las cornamentas.
No más coloquios, encuentros, simposios para la vanidad de los
enanos con “publicaciones” incontables en el circo de salivas que
serán suministradas a estudiantes rehenes de burócratas.
No más filósofos pastores de almas, empeñados en conducir rebaños
a la tumba rentable de sus templos.
No más sacrifico de inocentes en las hogueras del fanatismo posmoderno
que levanta catedrales de ipsofacto según las temperaturas
políticas de la zona. Y salen en la tele.
No más filosofía de auto ayuda, no más redentores a salivazos.
No más pornografía eclesiástica con remates trans-terrenales.
No más filosofías de hippies tardíos.
No más filosofías de rebeldes renegados.
No más moralina de insurrectos arrepentidos.
No queremos filósofos de la resignación, la mansedumbre y el servilismo.
Ni en las aulas ni en las calles.
No queremos más filosofía sin “efecto mariposa”.

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